El arranque del ejercicio 2026 muestra una economía española que, si bien mantiene una inercia expansiva, sigue operando bajo una dualidad preocupante entre el crecimiento real y el valor nominal de su actividad. Según los datos del primer trimestre, el Producto Interior Bruto (PIB) a precios de mercado ha registrado un crecimiento real del 2,72% en tasa interanual. Esta cifra, ligeramente superior al 2,63% con el que cerró 2025, podría interpretarse como una señal de resiliencia; sin embargo, al observar el PIB nominal, que se dispara hasta el 6,01% anual, se evidencia que una parte sustancial del dinamismo de la economía no responde a un incremento de la eficiencia, sino al incremento de factores productivos como el aumento de la mano de obra.
El motor de este crecimiento continúa anclado casi exclusivamente en la demanda nacional, que presenta un avance anual del 6,16% en términos corrientes, empujada fundamentalmente por un gasto en consumo final que crece al 5,79%. Resulta crítico señalar la debilidad del sector exterior como alternativa de crecimiento: las exportaciones de bienes y servicios apenas avanzan un 0,97% anual, lo que sugiere una pérdida de competitividad en los mercados internacionales o una atonía de nuestros principales socios comerciales. Esta dependencia del consumo interno, en un contexto donde el crédito al consumo ya mostraba signos de sobrecalentamiento en periodos anteriores, sitúa a la economía en una posición de vulnerabilidad si la capacidad de gasto de los hogares llegara a agotarse ante la falta de mejoras reales en la productividad y consecuentemente, en los salarios.
Desde la óptica de la inversión, la Formación Bruta de Capital muestra un crecimiento anual del 7,47%, una cifra bastante positiva que, sin embargo, debe ser analizada con cautela al observar su evolución inmediata: en términos trimestrales, la inversión apenas ha repuntado un 0,20%. Esta ralentización en el ritmo de creación de capital productivo es alarmante, ya que sin un impulso vigoroso en bienes de equipo y tecnología, la economía española no podrá corregir el estancamiento de su productividad, que ya era una de las sombras más graves del informe anterior.
Como consecuencia de esto último, si vamos a los datos a nivel sectorial, el VAB de los Servicios sigue siendo el principal sostén del sistema, con un crecimiento anual del 3,36% y una aportación de 2,29 puntos al crecimiento total, reafirmando la dependencia del crecimiento de la economía a sectores de bajo valor añadido. Por el contrario, la Construcción, aunque mantiene una tasa anual del 6,48%, muestra signos de agotamiento con un crecimiento casi nulo del 0,08%. Especial atención merece la Agricultura, que a pesar de un rebote trimestral del 3,32%, todavía arrastra una caída anual del -3,35%, lo que refleja las dificultades estructurales que atraviesa el sector primario.
El dinamismo del mercado laboral en este arranque de 2026 sigue mostrando las mismas señales positivas del año anterior, alcanzando la cifra de 23.629.100 puestos de trabajo, lo que supone un incremento anual del 2,80% en términos ajustados. Esta cifra, que supera ligeramente el ritmo de crecimiento del PIB real (2,72%), sugiere que la economía española mantiene una elevada capacidad de generación de empleo. Del mismo modo, se mantienen los indicadores problemáticos que se señalaban en el último informe de Unidema: principalmente, resulta preocupante cómo los puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo crecen a un ritmo del 3,33% anual, mientras que las horas trabajadas avanzan de forma más rezagada, un 2,10%.
Al desglosar la ocupación por sectores, se observa una asimetría que cuestiona la sostenibilidad a largo plazo de este crecimiento. El impulso más vigoroso del trimestre proviene de las Actividades financieras y de seguros (+8,30% anual) y la Construcción (+6,71%), sectores que, si bien aportan volumen al agregado, son altamente sensibles a los ciclos de crédito y a las variaciones de los tipos de interés.
La nota más preocupante y discordante es la evolución del sector de Información y comunicaciones, que registra una caída anual del -3,41% en sus puestos de trabajo. Sobre este dato existen dos explicaciones alternativas: por un lado, que España destruya empleo en su núcleo tecnológico mientras lo crea en la construcción y las finanzas podría ser una señal de alarma sobre la calidad del modelo de crecimiento; por otro lado, esta caída puede deberse a la adopción masiva de la inteligencia artificial, aunque es poco probable ya que deberíamos ver al mismo tiempo un incremento de la productividad en este sector que no parece existir.
La evolución de los precios en este primer trimestre de 2026 confirma el peor de los escenarios previstos en el informe de cierre del año anterior: la ruptura de la senda de moderación y un reingreso en una zona de inestabilidad monetaria. El Índice General cerró el mes de marzo con una variación anual del 3,4%, una cifra que no solo se aleja significativamente del objetivo de estabilidad del 2%, sino que supone un claro retroceso frente al 2,9% con el que terminó el ejercicio 2025.
El grupo del Transporte, con un alza anual del 5,3%, refleja de forma realista el shock en el precio de la energía, validando los temores sobre la extrema sensibilidad de la inflación a la situación en Oriente Medio. Esta presión externa actúa como un impuesto invisible que drena la capacidad de gasto de los hogares y eleva la incertidumbre sobre los márgenes empresariales.
Siendo todo ello cierto, el problema de los precios en el 1T 2026 ya no se limita exclusivamente a un fenómeno de oferta. El sector de Restaurantes y servicios de alojamiento escala hasta el 4,7% anual, evidenciando potentes efectos de segunda ronda: las empresas de servicios están trasladando al consumidor final el aumento de costes laborales y la factura energética.
La persistencia de una inflación en el entorno del 3,2%–3,4% sitúa a la política económica en una encrucijada difícil. La brecha entre el crecimiento nominal del PIB (6,01%) y el real (2,72%) sigue siendo un síntoma de una economía “inflada”, donde el dinamismo de la facturación empresarial responde más a la subida de precios que a una mejora de la productividad.
La productividad se confirma, un trimestre más, como la gran asignatura pendiente y el principal lastre de la economía española. Los datos del primer trimestre de 2026 indican una divergencia entre el crecimiento de la actividad y la eficiencia de los factores: mientras el PIB real avanza a un ritmo del 2,72% anual, los puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo crecen un 3,33%. Los datos implican que la productividad por puesto de trabajo está retrocediendo, agravando la caída del -0,17% registrada en el ejercicio anterior.
Pese a no tener los datos de productividad calculados por el INE, podemos hacer una estimación de su dirección analizando las horas efectivas, que crecen un 2,10% anual frente al mencionado 2,72% del PIB, lo que indica que la productividad por hora trabajada presenta un ligero avance positivo. Sin embargo, este dato debe interpretarse con cautela: la recomposición del mercado laboral hacia sectores como la construcción (+6,7% en empleo) o la hostelería sigue lastrando la media nacional, ya que son actividades donde el margen de mejora tecnológica es más limitado.
La evolución de los CLU en este primer trimestre de 2026 profundiza la erosión de la competitividad que ya advertía el informe de UNIDEMA al cierre de 2025. En aquel ejercicio, los CLU se dispararon un 4,7%, impulsados por una remuneración por asalariado que crecía muy por encima de la eficiencia real. Los datos actuales mantienen esta dinámica perniciosa: aunque el coste laboral total por trabajador muestra un incremento del 1,24%, la productividad por puesto equivalente a tiempo completo sigue en terreno negativo.
Esta deriva de los costes impacta de forma directa en la proyección exterior de la economía española. Mientras la demanda interna sigue traccionando el PIB, las exportaciones de bienes y servicios apenas avanzan un 0,97% anual, validando la tesis de UNIDEMA sobre la pérdida de mercados ante socios más eficientes. El 1T 2026 ratifica que España está perdiendo la batalla de la competitividad por la vía de unos costes laborales que, aunque se moderan respecto al año pasado, siguen sin encontrar el respaldo de una productividad que ha dejado de ser el motor del crecimiento potencial del país.
La radiografía de las finanzas de los hogares en este arranque de 2026 profundiza en la dualidad inquietante que ya se venía gestando al cierre del ejercicio anterior. El gasto en consumo final de las familias ha registrado un crecimiento nominal del 5,79% anual. Sin embargo, al cruzar este dato con la evolución de los precios (IPC en el 3,4% en marzo), queda patente que una parte mayoritaria de ese incremento del gasto no responde a un mayor bienestar, sino a la mera necesidad de cubrir el encarecimiento del coste de la vida.
En lo relativo al endeudamiento, la señal de alarma que supuso el disparo del 9,6% en el crédito al consumo al cierre de 2025 sigue proyectando una sombra de vulnerabilidad sobre la solvencia familiar. En un entorno donde la productividad se estanca y el crecimiento de los salarios reales es limitado, el mantenimiento de un consumo interno tan vigoroso solo parece posible mediante el recurso continuado a la financiación ajena.
En conclusión, el 1T 2026 muestra un hogar que consume pero se endeuda, atrapado entre una inflación que erosiona su renta disponible y un recurso al crédito al consumo que, lejos de ser productivo, parece estar actuando como un mecanismo de defensa frente a la pérdida de poder adquisitivo.
Como último apartado del informe, desde Unidema Research analizamos el desempeño económico de las diversas naciones de América Latina y el Caribe, fundamentado en los indicadores de inflación interanual y variación del PIB según los últimos datos disponibles hasta marzo de 2026. Es imperativo señalar que los periodos de referencia varían entre el cierre de 2025, el primer trimestre de 2026 y registros específicos de febrero y marzo de 2026, lo cual requiere una interpretación cautelosa de las tendencias comparativas.
Con respecto a la inflación, se observa un espectro extremadamente amplio. El caso de Venezuela destaca con una variación interanual de precios del 649% al cierre de 2025. Argentina reporta un índice inflacionario del 32,6% a marzo de 2026 junto a una contracción de su actividad del -2,1%. En el extremo opuesto, Costa Rica presenta una tasa de inflación negativa del -2,09% acompañada de un sólido crecimiento del 4,75%.
En cuanto al desempeño de la actividad económica, Paraguay lidera el crecimiento regional con un 6,6% para 2025, seguido cercanamente por la República Dominicana con un 5,1% en marzo de 2026. En la región centroamericana, Nicaragua, Guatemala y Costa Rica reportan variaciones por encima del 4,5%. No obstante, Chile presenta una leve contracción del -0,1% a marzo de 2026, mientras que México muestra una expansión marginal del 0,2%.
En resumen, la región se encuentra en un estado de transición donde la estabilidad macroeconómica sigue siendo un desafío pendiente para las economías con alta inflación y contracción, mientras que otro grupo de países parece haber consolidado una ruta de crecimiento con baja presión sobre los precios, configurando un panorama de asimetrías profundas en el desarrollo económico latinoamericano.
La brecha actual entre el crecimiento nominal (6,01%) y el real (2,72%) indica un crecimiento impulsado por el deflactor del PIB más que por la eficiencia. La dependencia de la demanda interna y el estancamiento de la inversión trimestral (0,20%) sugieren un agotamiento del modelo extensivo en mano de obra.
Existe una divergencia negativa entre el crecimiento de puestos equivalentes a tiempo completo (3,33%) y el PIB real (2,72%), lo que confirma una caída de la productividad por trabajador. La destrucción de empleo en Información y Comunicaciones (-3,41%) frente al auge en la Construcción (+6,71%) señala una transferencia de rentas hacia sectores de bajo valor añadido.
La inflación general (3,4%) y el repunte en Restauración y Hostelería (4,7%) evidencian efectos de segunda ronda. La transferencia de los costes energéticos derivados del conflicto en Irán está erosionando los márgenes empresariales y la renta disponible de los hogares.
La pérdida de competitividad se refleja en un exiguo crecimiento de las exportaciones (0,97%) frente a unos CLU al alza. El recurso al crédito al consumo para financiar el gasto corriente, tras el incremento del 9,6% en 2025, sitúa el balance de los hogares en una posición de vulnerabilidad financiera.
Crecimiento resiliente pero “inflado”
La economía española inicia 2026 con un avance del PIB real del 2,72% interanual, superando ligeramente el cierre de 2025. No obstante, persiste una alarmante brecha con el PIB nominal (6,01%), lo que confirma que el dinamismo de la facturación empresarial sigue condicionado por el efecto de los precios y no por una mejora de la eficiencia productiva. El motor exclusivo sigue siendo la demanda interna, ante la preocupante atonía de unas exportaciones que apenas crecen un 0,97%.
Éxito cuantitativo del empleo con deterioro cualitativo
Se ha alcanzado un récord de 23,6 millones de puestos de trabajo (+2,80%), pero bajo una estructura de suma fragilidad. Mientras los puestos a tiempo completo crecen al 3,33%, las horas efectivas solo avanzan un 2,10%, evidenciando una fragmentación de la jornada. Resulta crítico el retroceso en el sector de Información y Comunicaciones (-3,41%), que contrasta con el refugio en sectores cíclicos como la Construcción (+6,71%) y las Finanzas (+8,30%).
El lastre crítico de la productividad y competitividad
España profundiza su crisis de eficiencia: la productividad por puesto de trabajo vuelve a caer, ya que el empleo crece por encima del PIB real. Esta debilidad, sumada a unos Costes Laborales Unitarios (CLU) que siguen al alza, está erosionando la competitividad exterior y forzando una concentración empresarial, donde solo las grandes estructuras logran absorber el encarecimiento de la producción sin perder cuota de mercado.
Inflación bajo el shock de la guerra de Irán
La inflación ha roto su senda de moderación, cerrando marzo en el 3,4%. El impacto directo de la guerra de Irán se manifiesta en el grupo del Transporte (+5,3%), pero son los efectos de segunda ronda en Hostelería (+4,7%) los que revelan una inflación subyacente enquistada. La economía opera en un escenario de “inflación de demanda” donde el encarecimiento energético se traslada íntegramente al consumidor final.
Fragilidad en las finanzas domésticas
El crecimiento del gasto de los hogares (+5,79% nominal) es engañoso, ya que responde principalmente al mayor coste de suministros y vivienda. Tras el disparo del 9,6% en el crédito al consumo al cierre de 2025, las familias mantienen su nivel de vida mediante el apalancamiento financiero, situando la solvencia familiar en un equilibrio precario ante la ausencia de mejoras reales en la productividad y los salarios.
América Latina: heterogeneidad macroeconómica profunda
América Latina presenta disparidades significativas en el control inflacionario y el crecimiento del PIB regional. Mientras naciones como Paraguay y República Dominicana lideran la expansión económica, economías como las de Argentina y Venezuela enfrentan desafíos críticos de estabilidad nominal.
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